Laurent Daillie, es terapeuta y formador en “Descodificación del Estrés Biológico y Transgeneracional” en Francia y países de habla hispana.

Es un apasionado de los orígenes del Ser Humano y como tal se ha hecho experto en:

  • el contexto de nuestros orígenes animales y prehistóricos,
  • las especificidades de nuestra especie,
  • el principio de adaptación a la presión del entorno,
  • las prioridades para la supervivencia individual y de la especie,
  • nuestros reflejos primitivos de supervivencia,
  • nuestros códigos arcaicos de comportamiento,
  • las reacciones del cerebro arcaico del Homo Sapiens Occidentalis Modernicus.

Es autor de dos libros “La Lógica del Síntoma” y “La Bio‐Lógica del Superego” (Editions Bérangel) así como de varios artículos sobre este tema en diversas revistas.

La Bio-Lógica de la Pareja

(los verdaderos motivos y retos de la relación de pareja.)
Por Laurent Daillie

Siempre me he quedado maravillado de cómo volviendo a nuestros orígenes animales y prehistóricos podemos fácilmente explicar cosas que habitualmente encontramos muy complicadas.

Por ejemplo, entendiendo los verdaderos retos de la relación de pareja, entenderemos mucho mejor porque ésta es tan complicada y el origen de la famosa “guerra de los sexos” que tantas víctimas produce.

Podemos entender, debido a excelentes razones ligadas a la supervivencia del individuo y de la especie y a pesar de la evidente necesidad de relación duradera, por qué es inevitable que mujeres y hombre estén en oposición tan a menudo. Hasta podremos concluir que la Naturaleza se opone a que nos llevemos bien.

Para entenderlo, solamente tenemos que plantearnos y contestar a las tres preguntas siguientes:

  • ¿Cuál es la finalidad de la vida?
  • ¿Por qué la Naturaleza hizo que tengamos que vivir en pareja?
  • Y sobre todo ¿Por qué es tan complicado vivir juntos?

Entonces descubriremos cómo y cuánto sin tener la menor consciencia de ello estamos manipulados por nuestro cerebro arcaico en los temas de Amor y Sexo.

Desde luego que aquí expongo los principios básicos, sin tener en cuenta la unicidad de cada persona, ni la especificidad de cada pareja y tampoco otras dimensiones como las psicológicas y espirituales. Aquí se trata únicamente de las leyes que rigen lo vivo, de las prioridades de supervivencia del individuo y de la especie y de nuestros códigos arcaicos de comportamiento.

¿Cuál es la finalidad de la vida?

No hay muchas respuestas posibles a esta pregunta. Solamente existe una: La finalidad de la vida es transmitir la Vida.

Es la prioridad absoluta desde que apareció la vida en la tierra hace 3,850 billón de año: Perennizar la especie.

Para ellos tenemos que vivir el tiempo suficiente y alcanzar la madurez sexual lo que representa un verdadero desafío en un entorno natural.

Además, individualmente, es esencial transmitir sus genes y por consecuencia la de su linaje. Pero no es tan fácil lograrlo, sobretodo para los machos, si el individuo no puede convencer de su valor o si está abajo en la escala jerárquica. Lo que explica muchas cosas.

Y por fin, la Naturaleza está obsesionada por la noción de diversidad genética y se alegra de nuestras infidelidades, hasta el punto de favorecerlas. Un estudio realizado a partir de tests de ADN demuestra que en Gran Bretaña, el 10% de los niños son de relaciones extraconyugales. En ciertos casos, la Naturaleza tiene prioridades que la moral reprueba.

¿Por qué la pareja?

Porque se necesita ser dos para fabricar bebés. Es cierto, sin embargo que para acoplarse no se necesita obligatoriamente vivir en pareja. La mayoría de las especies se perennizan sin por ello estar en pareja.

El problema se sitúa a otro nivel. Para ciertas especies como la nuestra, reside en el hecho que se necesita ser dos para que la cría llegue a su madurez y autonomía.. Porque el niño de los humanos, llega al mundo muy inmaduro y necesita un mínimo de doce años para que ser autónomo, poder alimentarse solo y afrontar los peligros.

Por otra parte, en un ambiente natural una mujer no puede criar sola a su pequeño y aún menos a varios. El pequeño vuelve a la madre muy vulnerable: acapara toda su atención y energía, no puede desplazarse con libertad, ni hacer frente a sus necesidades vitales o las de su prole. La presencia del niño tampoco le permite tener la reacción ideal frente al peligro. Además las mujeres son muy deseadas por los hombres del grupo y las tribus vecinas que buscan nuevos vientres.

Por todas estas buenas razones, estamos entonces programados desde el inicio de los tiempos para vivir en pareja. Siendo ésta la cooperación duradera entre los dos sexos indispensable para la supervivencia de mujeres y niños y por consecuencia de la especie. En un contexto original tan peligroso, una mujer debe tener un guardaespaldas para protegerla a ella y a sus hijos así como un cazador/cosechador para hacer frente a sus necesidades y las de su prole.

¿Por qué es tan complicado?

Por una sola buena y excelente razón: ¡por el sexo! O más precisamente debido a las consecuencias del sexo que pueden ser mortales. Ya que es necesaria una relación sexual para transmitir la vida, también puede quitarla: un embarazo vuelve muy vulnerable a la mujer y el parto es el momento más peligroso.

Hay que acordarse de que si hoy en Occidente gracias a la medicina la tasa de mortalidad perinatal es mínima (3 muertes por 100.000 partos) no era lo mismo al principio del siglo XX ya que una de cada 5 mujeres moría debido a un embarazo y este porcentaje sigue de actualidad en ciertas zonas del planeta. En este contexto original, un embarazo extrauterino o una hemorragia tras la expulsión de la placenta era sistemáticamente mortal.

El embarazo es un periodo de gran vulnerabilidad sobre todo en los últimos meses. La gestación de un niño consume mucha energía, se engorda bastante y el centro de gravedad no es el mismo. Todo esto entorpece la actividad diaria y para reaccionar frente al peligro y todo eso en la naturaleza reduce las posibilidades de supervivencia.

El parto es el momento de mayor peligro porque en nuestra especie se da a luz a bebés gordos y también porque la ventaja de ser bípedo tiene un gran hándicap. Si la evolución de nuestra pelvis nos ha permitido ponernos de pie, también ha modificado su posicionamiento. Debido a eso, el paso del niño es mucho más difícil a la hora del parto. Y es cuando la mujer está más en peligro si ocurre el menor problema.

Prudencia

Eso explica porque, Señoras, en lo más hondo de vosotras y desde vuestros origenes, sois muy reacias en cuanto a este tema, sea cual sea vuestra historia personal, educación o traumas del pasado y eso a pesar de tener hoy en día acceso a la contracepción. El hecho es que en cada relación sexual consentida o no, tomáis el riesgo de quedaros solas para criar a vuestro hijo y sobre todo de poneros en peligro de muerte en cualquier momento de vuestro embarazo.

En cambio los Señores, admitámoslo, son casi todos unos obsesos sexuales y solamente piensan en eso. Lo que por otra parte es totalmente normal ya que la Naturaleza nos pide estar siempre listos y reproducirnos cuanto más mejor. También hace falta añadir que el umbral de frustración de los hombres es bastante limitado y es un punto clave en el origen de casi todas las problemáticas de pareja y más exactamente después del nacimiento del primer hijo.

La cuadratura del círculo

Dicho esto, podemos formular el desafío de la relación de pareja de la siguiente forma:

¿cómo vivir con un obseso sexual el tiempo necesario para que la prole llegue a ser autosuficiente sin por eso morir en el enésimo embarazo?

Es entonces un asunto de vida o muerte y no hay que extrañarse de que sea muy difícil vivir en pareja. Sobre todo teniendo en cuenta que un hombre frustrado puede volverse muy violento o ir a ver si fuera se está mejor…

¿Y cual es la solución para la mujer? Pues cumplir con su deber conyugal cuantas veces sean necesarias y lo menos posible, esperando no quedarse preñada. Es lo que viven las mujeres desde el inicio de los tiempos y muchas de ellas lo siguen viviendo sin la menor consciencia de ello, independientemente de que tomen contraconceptivos o no. Cada vez sienten “miedo en las tripas”.

La verdad no tiene ningún valor

¿Pero, en qué punto estamos hoy? ¿no hemos inventado la contracepción? ¿ hoy el riesgo de morir en el parto no es ínfimo? ¿hoy una mujer no puede criar sola a uno o varios hijos con o sin la ayuda de la comunidad? Es cierto y hemos progresado mucho en estos campos.

Sin embargo nuestro cerebro arcaico ignora todo esto. Nos cree aún confrontados a las duras realidades y a los peligros de la vida salvaje. Ignora lo que es la contracepción y considera que cualquier relación sexual tiene como principio la fecundación. Tampoco sabe que hoy en día podemos practicar una cesárea si el niño está mal encajado o hacer una transfusión sanguínea en caso de hemorragia. Por fin sigue pensando que una madre sin hombre a su lado para sostener y protegerla, está obligatoriamente en una situación crítica.

Desde luego que eso provoca entre nuestra psique moderna y nuestro cerebro primitivo algunos malos entendidos profundos que en ciertos casos pueden tener consecuencias muy desagradables.

Tratamos de conducir nuestras vidas en función de nuestros intereses sin darnos cuenta en ningún momento que servimos a otros mucho más arcaicos.

La llegada del primer hijo

Quizás lo han podido constatar: la relación de pareja es de repente mucho más difícil después del nacimiento del primer hijo.

A veces hasta es el punto de partida del inicio del fin. Que éste llegue rápidamente o mucho más tarde, lo importante es entender el por qué.

En principio una relación no suele ser muy complicada en su fase de “enamoramiento” es decir antes de la llegada del primer hijo. Vosotras, señoras, sois más bien cariñosas y nosotros los hombres, más bien sexualmente satisfechos y todo eso es totalmente normal.  Siendo la razón de ser de la pareja el tener bebes (y eso aunque no tengamos intención de hacerlos) la biología desinhibe la líbido femenina el tiempo necesario para que el milagro ocurra. Pero esto cambia totalmente  a la llegada del primer hijo.

Inicialmente, porque una madre está muy absorbida por su hijo y no le queda tiempo ni energía para distracciones. Pero sobre todo porque la biología bloquea su líbido para que se abstenga. Primero porque es inútil seguir practicando ya que el niño ha nacido.

Luego porque llevarlo en su seno nueve meses, traerle al mundo y darle el pecho agota el organismo. Entonces sería muy peligroso poner en marcha un nuevo embarazo demasiado pronto.

Y también porque en este caso puede llegar un bloqueo de la lactancia, lo que en ambiente natural sería fatal para el bebé que acaba de nacer y que no ha sido aún destetado. La biología no sabe que hemos domesticado la cabra hace alrededor de 12.000 años, la vaca hace 8.000 y tampoco que hemos inventado la leche maternizada de primera edad.

Por todas estas buenas razones una mujer en principio cambia totalmente su comportamiento tras el nacimiento del primer hijo ya que tiene que dedicarse en cuerpo y alma a criarlo. Todo esto implica que tenga que mantener a distancia a su pareja hasta el destete del niño y el tiempo necesario para reconstituir su salud. Eso logrado, algunos meses más tarde, la biología orquestra un ligero despertar de su líbido a fin de que se consiga el siguiente niño.

En cambio, la paternidad no modifica necesariamente la líbido masculina (esto se produce a veces pero no es frecuente). Es cuando el vivir juntos se vuelve más complicado. El hombre tiene que gestionar su frustración siendo todo un señor y la mujer tiene que hacer respetar su no deseo sin llegar a la ruptura.  Suele ser más fácil decirlo que lograrlo. Pero por suerte a la Naturaleza no le falta talento para ayudarnos de múltiples maneras.

El amor y el apego afectivo

Por ejemplo la naturaleza nos manipula muy hábilmente gracias a dos mecanismos sucesivos  para que tengamos hijos y después para lograr que quedemos juntos para criarlos. Es importante saber que estos dos mecanismos son exclusivamente hormonales.

Al principio nos hace estar enamorados del otro hasta que estemos totalmente desinhibidos y pasemos al acto, si encontramos que es a la pareja ideal.  En cuanto a los parámetros que toma en cuenta la Naturaleza para validar un encuentro, estos son varios y diversos, mayoritariamente bio-lógicos y por lo tanto totalmente inconscientes. De estos hablaremos luego.

Pero también la Naturaleza se encarga hacernos cambiar rápidamente de registro a la llegada del primer hijo. Porque, desde un punto de vista biológico, el amor es una cosa muy peligrosa!

En primer lugar, no es un valor seguro:  podemos pasar del amor al desamor y hasta al odio en un segundo.

Y sobre todo es muy peligroso para una mujer seguir estando enamorada ya que una mujer así es demasiado entregada. Además podría apartarla de su prole por pensar todo el tiempo en estar en los brazos de su hombre.

En mi opinión es por estas excelentes razones que la Naturaleza parece oponerse a que los dos sexos se lleven demasiado bien después del nacimiento del primer niño: Sería demasiado peligroso para las mujeres y los niños y entonces para la especie. Finalmente no existe otra solución en el ambiente natural para evitar los embarazos reiterados que mantener al hombre lo más lejos posible.

Por otra parte, es necesario también que las dos partes mantegan juntas contra viento y marea, el tiempo necesario para criar a sus hijos y eso hasta que él último sea autónomo. Para lograrlo la Naturaleza ha inventado también el apego afectivo, un valor más seguro a largo plazo que el enamoramiento.

Es un estado profundo, visceral, potente y a menudo indestructible aún después de que se hayan ido los hijos, a pesar de haber enviudado o de haberse separado. En todos los casos nos permite quedarnos juntos mucho tiempo, a veces toda una vida y esto a pesar  de las diferentes  frustraciones y resentimientos. Es importante saber que la hormona que origina nuestro apego afectivo al otro es la misma que la del instinto maternal.

El deseo y la realidad

El hecho es que el hombre es en principio mucho más fuerte físicamente que la mujer y que puede tomar fácilmente sus deseos por realidades, lo que muchos se permiten por desgracia. Pero por suerte la mayoría de los hombres son perfectos caballeros, primero porque han sido bien educados por sus madres después porque son a menudo muy respetuosos con la ley y sobre todo porque la Naturaleza no se olvidó de poner en marcha mecanismos sutiles para evitar los resbalones.

Para empezar, Señoras, que estéis muy agradecidas a vuestras suegras ya que gracias a ellas vuestros maridos se abstienen de saltaros encima, aún que tengan un fuerte deseo de hacerlo. De hecho, en principio son ellas que enseñan a sus hijos que es muy malo tomar sus deseos por realidades y también que hay que ser muy delicados con las chicas. Igualmente enseñan a sus hijas que hay que tener mucho cuidado con el sexo y que mejor desconfíen de los chicos en ese tema. Eso son buenos consejos.

Se suele decir que las madres son castradoras. Es una necesidad absoluta para la supervivencia de los individuos y de la especie. Una madre que no lo fuera con sus hijos y en particular con sus varones, podría encontrarse delante del tribunal de la Naturaleza por poner en peligro la vida de sus hijas  y/o sus futuras nueras.

El respeto de la ley

Además de estas buenas leyes maternales que nos enseñaron a tener buenos comportamientos, existen también las de la humanidad que a menudo son de una profunda sabiduría. Como por ejemplo la prohibición a los hombres de saltar encima de todo lo que lleve faldas. Pero para que esto funcione hay que tener miedo a las consecuencias en caso de transgresión.

Por suerte y más allá de nuestro miedo humano y consciente del policia, de la Justicia o de la cárcel, nuestro cerebro arcaico nos invita a la prudencia y nos manipula muy hábilmente para impedirnos transgredir la ley en tanto le sea posible. Es el mecanismo del miedo anticipatorio a la sanción en términos de rechazo o de violencia, un miedo animal muy profundo y omnipresente.  (Para ampliar este punto les reenvío a mi segundo libro “la biología del superego” ed. Bérangel)

Eso porque nuestro cerebro arcaico considera la eventualidad de una sanción como potencialmente mortal.  Por eso ser apartado o rechazado por la madre cuando uno es un mamífero o rechazado por el grupo cuando somos animales sociales, es sencillamente una condena a muerte.  En cuanto a la violencia ella puede ser mortal o provocar graves heridas lo que vuelve a ser lo mismo.

Generalmente este miedo dirige nuestra vida y está muy presente en la relación de pareja. Muy a menudo para lo mejor pero, también, para lo peor ya que puede bloquear nuestra evolución.

La regulación hormonal

Además de todo esto interviene un muy sutil mecanismo biológico de regulación hormonal para calmar las mentes y  mantener la paz social.  Por un lado disminuye la expresión de la testosterona de los chicos para disminuir sus deseos y que puedan someterse sin violencia cuando las chicas les  rechazan y, por otro, disminuye la expresión estrogénica de las chicas para inhibir su líbido y que sean más agresivas a la hora de hacerse respetar por los chicos.

Hay que remarcar que en principio, todos estamos en mayor o menor medida en PAT hormonal (así se llama este mecanismo de regulación entre polaridad femenina y masculina).  Para darse cuenta de ello basta observar un hombre en plena expresión de su testosterona o una mujer en plena estrogenia. Esto explica por qué la pareja humana es muy a menudo matriarcal. Es que la temática del sexo es demasiada seria para dejarla en manos de los hombres. No nos dejemos engañar por los estereotipos y las falsas apariencias.

La frustración

Es el conflicto intrínseco de lo masculino, aunque una mujer también puede sufrirlo.

El hecho es que casi todos los señores son unos insatisfechos crónicos y en particular en todo lo que concierne al sexo y eso aunque tengan una pareja muy complaciente.  Dicho esto, Señoras, que sepáis que no es culpa de ellos  ya que se le pide siempre estar listos y fecundar al máximo.

Toda la dificultad reside en que el hombre sepa gestionar su frustración sin volverse violento ni irse con la primera que le pase por delante y eso evitando dañar su salud con demasiada frustración. Por suerte ya tenemos tres grandes ayudas: el apego para estar ligado al otro, el “pat hormonal” para disminuir nuestro deseo y por fin el miedo anticipatorio de la sanción para ayudar a respetar las reglas. Pero no son los únicos.

Hay por ejemplo todas las compulsiones posibles que tienen como finalidad hacernos rebajar la presión pero con la desventaja de que pueden dañar gravemente la salud o llevar a la ruina financiera (ludopatía). Además  hay mundos refugios en los cuales  se invierte para obtener algo de placer: el trabajo, los amigos, la política, la vida asociativa, el bricolaje, el fútbol, las colecciones de todo tipo, los videojuegos, etc.

Que lo sepáis, Señoras, no es tan simple ser un hombre, desearos continuamente y quedar siempre como un Caballero. Eso requiere mucha energía y rigor y, por favor, no reprochad a vuestros hombres sus mundos-refugio. Gracias a éstos logran pensar en otra cosa…

La inseguridad:

Es el conflicto intrínseco del femenino, aunque un hombre también puede sufrirlo. El hecho es que casi todas las mujeres son unas inseguras crónicas a las que nada puede tranquilizar. Dicho esto, Señores, que sepáis que no es culpa vuestra: Basta ponerse en el contexto original para entenderlo.

Por otro lado, eso explica muchas cosas. En particular por qué el género femenino se preocupa tanto del bienestar material y financiero. Explica también porque la mujer necesita tantas demostraciones de afecto por parte del hombre como prueba de su apego afectivo. Y cuando habitualmente las señoras recriminan a sus hombres que no les hablan, deberían ser honestas y precisar que no les hablan de lo que les gustaría, es decir, de Amor.

En todo caso que los señores lo sepan: tampoco es fácil ser una mujer, de saberse deseada todo el tiempo, de estar confrontada a sus insatisfacciones crónicas y de sufrir sus consecuencias a diario (mal humor, enfados, etc.) de cumplir con el deber conyugal aún cuando no se tienen ganas y siempre tener miedo a que su pareja se vaya con otra. Todo esto es agotador.

El casamiento y el divorcio:

Se podría hablar mucho a propósito del casamiento tanto en positivo como en negativo. De todos modos una cosa es cierta: esta invención humana muy reciente a escala del tiempo va en el mismo sentido que la naturaleza ya que su finalidad es proteger a mujer e hijos. Eso obliga al hombre a asumir las consecuencias de sus actos. Además oficializa el hecho de que esta mujer tiene un protector identificado lo que normalmente la resguarda de la envidia de los otros machos. Igualmente el casamiento garantiza al hombre poder transmitir sus genes y entonces perpetuar su linaje.

En cuanto a la separación y más allá de lo específico de cada caso, nuevamente tenemos que volver al esencial arcaico para comprender lo que puede ser tan desestabilizante sobre todo cuando nos dejan pero también cuando la provocamos.

Para el género femenino, lo más difícil es gestionar el miedo inducido por la ausencia de protección y de apoyo del hombre sobre todo cuando hay hijos.  Y eso puede ser algo muy difícil de detectar sobre todo si no tenemos ninguna carencia material. Desde luego que la ausencia física o psíquica del hombre debido a una separación o un fallecimiento puede producir mucho miedo. Tenemos que tener en cuenta que un hombre femenino puede sentir lo mismo en esta situación.

Para el género masculino, lo más difícil será gestionar la pérdida de territorio, una frustración tal que ésta le puede llevar hasta matar. En lo más profundo de su ser arcaico, el hombre considera a su pareja como su propiedad, sobre todo en cuanto a su útero. También, una mujer masculina podrá vivir la separación con esta misma tonalidad pero con el matiz que ella centrará más su sentido de la propiedad en los brazos y la fuerza de su hombre.

El niño que se encuentra en esta situación, puede tanto como su madre estar confrontado a una situación de gran inseguridad ya que en la naturaleza su supervivencia depende de la estrecha colaboración entre sus padres para alimentarse y estar protegido. Pero no es realmente la separación de los adultos que desestabiliza al niño, sino el hecho que estén en conflictos, que no quieran hablarse y que traten sus asuntos a través de abogados, etc. Y eso es lo que aterroriza a los niños sobre todo los de corta edad.

Por encima de las razones de la ruptura o del reparto de las culpas, es necesario por el bien del niño, que los adultos salvaguarden la relación parental que les une hasta que el niño llegue a su autonomía. Lo más importante es que vea a sus padres en paz y solidarios entre ellos para criarlo. Para lograrlo tienen que sobrepasar sus desacuerdos, entendiendo la verdadera naturaleza de éstos.

¿Cómo nos juntamos?

Es un tema sobre el cual hay mucho que decir tanto desde lo global como desde todas las dimensiones y en particular en función de cada historia.

Pero también en este tema estamos totalmente manipulados por la naturaleza por muy buenas razones.

Empecemos por precisar que el macho propone y la hembra dispone.

Hay muy pocas excepciones en la naturaleza. El macho busca convencer de la excelencia de su patrimonio genético y la hembra elige el mejor partido posible. Y eso no es diferente para nuestra especie, el hombre propone y la mujer dispone, con el matiz que tiene que tomar en consideración otros parámetros antes de comprometerse.

El primer nivel de selección es olfativo y totalmente inconsciente.

En efecto además de elegir un buen partido genético hay que asegurarse que sea compatible, es decir que esté lo más alejado posible del suyo. A la naturaleza no le gusta la consanguinidad y se organiza para evitarla.

Son las feromonas que vinculan estas informaciones y por lo tanto es primero con la nariz, señoras, qué hacéis vuestra elección. Eso puede explicar ciertas situaciones cómo tener a “un hombre en la piel” a pesar de todos sus defectos o de rechazar a otro totalmente maravilloso.

Después, la mujer debe evaluar el valor del cazador y del protector.

Es por eso que es sensible a la altura del hombre, a la anchura de sus hombros y a su fuerza física. En la naturaleza es mejor vivir con uno fuerte que con un delgaducho.

Dicho esto, hoy los criterios materiales y financieros sustituirlos: Un hombre rico, por ejemplo, equivale al buen cazador de antes ya que trae mucha comida a casa.

La mujer debe evaluar el potencial de peligrosidad del hombre.

Es decir su nivel de PAT hormonal que determina su tolerancia al rechazo. Es verdad que el hombre es intrínsecamente peligroso por su fuerza sobre todo cuándo entra en cólera debido a su frustración. Entonces no hay que extrañarse que dentro de los criterios de apreciación de una mujer esté en un buen lugar la dulzura y la ternura del hombre.

La mujer tiene que comprender cuál es la motivación del hombre y evaluar la fuerza del vínculo para determinar si éste estará a su lado dentro de 9 meses para asumir su paternidad y cumplir con su papel de cabeza de familia. Necesita absolutamente tener esta garantía antes de ofrecerse. Para determinarlo le es suficiente estimar la actitud del hombre hacia su persona y sus mensajes de afecto.  Era lo que Don Juan dominaba perfectamente para llegar a sus fines: era muy galante y hablaba muy bien de amor.

Desde luego que después intervienen muchos otros criterios más humanos y parece totalmente consciente pero que solamente se toman en consideración para evaluar el valor del hombre y la viabilidad de la relación a largo plazo:  no vayamos a engañarnos.

Por su parte el hombre debe tomar en consideración ciertos parámetros antes de proponerse. Él también tiene que averiguar el valor genético de la mujer, estimar su capacidad para hacer buenos hijos, determinar si será una buena madre y tener la garantía que le ofrecerá su vientre y que le reservará su útero.  

Todo eso no es muy poético pero a la Naturaleza le da igual.

Ambivalencias con el tiempo

Llegado a este punto hay que decir que nada es simple. Porque si, por ejemplo, el permanente deseo sexual del hombre es un verdadero problema, su ausencia también lo es. En lo más profundos esto puede indicar una falta de interés y entonces una debilidad en su apego. Lo mismo pasa con los mensajes de afecto que tanto necesita la mujer, pueden llegar a ser tomados como signos de debilidad.

Así que, no es muy raro que una mujer que ha elegido a un hombre en función de su gentileza, dulzura, paciencia y de su perfecta gestión de la frustración, acabé por dejarlo 20 años más tardes por las mismas razones.

En cuanto al hombre, está en sufrimiento cuando su pareja no es lo suficientemente acogedora pero lo puede estar también si ésta le pide demasiado. Puede tener miedo a no estar a la altura y/o que vaya a buscar fuera lo que no tiene en casa.

Más allá de la biología

Desde luego que, más allá de la herencia de nuestros orígenes lejanos, queda muchísimo por decir en el tema de la pareja, ya que intervienen tantos factores individuales y colectivos como las reglas de convivencia de nuestra sociedad, la educación, la religión, los tabúes, los eventos del pasado, el impacto transgeneracional, etc.

Aunque diferenciados, generalmente todos estos factores van en la misma dirección y para servir al mismo interés: el de la Naturaleza.

La educación.

Individualmente o colectivamente, para lo mejor y lo peor, todos estamos profundamente condicionados por los principios de nuestra sociedad que, en términos de obligaciones y prohibiciones, nos han transmitido nuestros educadores.

Analizando la evolución de estos principios, observamos que cada vez estos van más en el sentido de la prudencia, del respeto de los individuos y de la paz social indispensable para la supervivencia del grupo.

Así, por ejemplo, es efectivamente muy prudente no desear al vecino porque eso puede tener consecuencias muy graves. si la mujer cae bajo los encantos de su vecino, puede eventualmente distraer a la mujer de las obligaciones con sus hijos, lo que sería dramático para ellos. También puede disgustar al marido cornudo hasta el punto que maté a su vecino lo que sería muy negativo para la paz social, sobre todo si la familia del difunto quiere vengarse. etc.

En cambio, algunos de estos principios son totalmente injustos.  Aún hoy, ciertas mujeres no llegan al orgasmo porque se les enseñó que “una mujer honesta no debe sentir placer”.

El impacto del pasado.

Es evidente que ciertos eventos más o menos grave ocurridos en nuestra historia familiar pueden influenciar considerablemente en nuestra vida amorosa, sexual y conyugal. El abanico de posibilidades es infinito desde el simple hechos de “haber visto a papá encima de mamá” cuando éramos pequeños hasta el fallecimiento de una bisabuela durante un parto, un siglo atrás.

Muchos acontecimientos ocurridos antes o después de nuestro nacimiento pueden dejar unas profundas huellas y contaminar la relación de pareja. Dramas debidos a la maternidad, familias demasiado numerosas, violencia conyugal, hijos ilegítimos o concebidos fuera del matrimonio, infidelidades, divorcios, maltratos y desde luego el incesto y los abusos sexuales son algunas huellas que suelen incidir..

En conclusión

Habría tantas cosas que contar más sobre este tema tan apasionante… Pero lo más importante es poder entender que, por lo esencial, en esta historia no hay culpables ni víctimas, solamente hay víctimas.  Y la Naturaleza…